Como es sabido, la tecnología es una herramienta que -bien integrada- es capaz de otorgar soluciones en todos los ámbitos e industrias, sin excluir por cierto, el mercado de la salud en Chile.

Mucho se habla sobre el reemplazo de la ficha clínica electrónica en lugar de aquella realizada con lápiz y papel, pero hay también otros ámbitos que deben abordarse y en los que se pueden disminuir costos y optimizar tiempos. Se trata de la importancia de la inclusión de procesos administrativos en la industria sanitaria y particularmente en el ámbito hospitalario del sector público.

Si bien actualmente la tecnología está presente en las distintas áreas de la mayoría de las instituciones de salud (RR.HH, tesorería, abastecimiento, farmacia y áreas clínicas) lo cierto es que funcionan aisladamente, sin conversar unas con otras. Esto genera, por ejemplo, que al ocurrir una necesidad clínica de medicamentos, es enviada por las otras áreas hospitalarias hasta llegar a la de abastecimientos, la que tras un proceso de licitación y compra, distribuye en las bodegas de farmacias, para luego llegar al área administrativa, que genera el pago. Todo, en un extenso periodo de tiempo y luego un complejo proceso de consolidación de la información realizado en forma manual.

Si por el contrario, esa institución contara con un sistema de planificación de recursos empresariales (ERP por su sigla en inglés), este proceso se realizaría automatizadamente y por tanto, con una mayor fluidez y economía en la cadena de abastecimiento. Ello, porque la tecnología permitiría a ese hospital manejar stock mínimos y una planificación de uso de fármacos con estadísticas reales, generando un ahorro de hasta 30% en los costos relacionados con mermas por medicamentos vencidos o deteriorados.

Asimismo, dicha herramienta podría identificar el número de serie, lote y fecha de vencimiento de una medicina en particular, lo que permite su trazabilidad desde que llega a la bodega hasta que es entregado a un paciente, registrando todo su recorrido y localización en el interior del hospital, lo que sería muy útil en caso, por ejemplo, de una alerta sanitaria que ordena la no administración del fármaco. Algo impensable en la actualidad.

Se trata por tanto, de lograr que la modernización llegue a nuestra industria sanitaria incorporando conceptos como “integración en 360 grados” según la que todos los hospitales puedan conversar entre sí, simplificando la gestión y otorgando beneficios concretos para la población, como una disminución de hasta 50% en el tiempo que demora el paciente en recibir el medicamento que necesita para su tratamiento. Y todo, gracias a la tecnología.

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