Las empresas, desde la revolución industrial, han incorporado tecnología en sus procesos productivos para reducir sus costos y mejorar la productividad. Desde la década de los setenta, las empresas además de las tecnologías de producción, han incorporado tecnologías de la información (TIC) para gestionar los flujos de información que se generan en las actividades de negocio. En el siglo XXI estamos inmersos en el fenómeno que denominamos “digitalización”, una revolución que nace de la maduración de las tecnologías y de su incorporación imparable al estilo de vida de los consumidores. Con la digitalización, las TIC dejan de ser una simple herramienta auxiliar para incardinarse en el corazón del negocio.

La digitalización no es una moda, es un nuevo modo de hacer negocios que nace de la universalización del uso de las TIC por parte de los individuos y organizaciones. La digitalización no es opcional: todas las empresas van a ser digitales más pronto que tarde. Muchas veces asociamos el concepto de empresa digital con las start ups digitales, pero es importante entender que no son sólo estas empresas nacientes las que tienen que preocuparse por la digitalización. Las empresas tienen ante sí la oportunidad, y el reto, de incorporar de manera estratégica las tecnologías de la información en sus modelos de negocio. No importa el sector en el que opere,ninguna empresa podrá tener una posición competitiva relevante en los próximos años sin digitalizar sus procesos, sus productos y servicios y sus organizaciones. Las empresas exitosas del futuro serán las que sean capaces de desarrollar estrategias adaptables, evitar la comoditización, crear diferenciación sostenible, promover una cultura de innovación, atraer a clientes y empleados. Y para hacer todo esto, las empresas necesitarán digitalizar sus portafolios de productos y servicios, la manera en que hacen marketing, el modo en el que se comunican con los clientes, cómo innovan, como capturan conocimiento, cómo desarrollan a sus equipos. Las empresas que deseen perdurar y liderar sus mercados, necesitan definir una agenda de transformación digital de sus modelos de negocio y operativos y desarrollar nuevas capacidades y conocimientos a lo largo de toda la organización.

Una empresa digital es la que usa intensamente las TIC para competir, la que ha realizado un esfuerzo consciente y sistemático para, gracias a las tecnologías de la información, ser más ágil, conocer y tener una mejor relación con sus clientes, reducir sus costes mediante la automatización extrema de sus procesos, incorporar tecnología a sus productos o servicios o facilitar la colaboración intensa de sus empleados. Empresa digital es la que utiliza las tecnologías para diferenciarse, la que las aprovecha para liderar el escenario en el que compiten, para vender más, para ser más eficiente, para llegar a mercados a los que de otro modo no tendría acceso.

Las empresas necesitan líderes que sepan leer las señales del cambio digital y diseñen una hoja de ruta de transformación de la compañía. Digitalizarse no significa introducir un nuevo canal de venta o de comunicación con los clientes, sino una nueva manera de hacer negocios, en la que las tecnologías de la información impregnan las operaciones, las ventas, el marketing y la innovación. La estrategia digital es la elección competitiva que la compañía realiza en su uso de las tecnologías de la información y el plan y los recursos que pone en juego para tener éxito al implantar esas elecciones. Se trata de preparar a nuestra empresa para el nuevo mundo competitivo del siglo XXI, un mundo en el que la disrupción aparece en ciclos cada vez más cortos, en el que es preciso ser más ágil. Definir la estrategia digital, por tanto, supone identificar los cambios que lo digital introduce en nuestro modelo de negocio y las oportunidades de generación de otros nuevos.